Fijación biológica de Nitrógeno. (Última Act. 08-02-2008)

José Olivares Pascual (olivares@eez.csic.es)
Estación Experimental del Zaidín, CSIC, Granada


Supuestas las necesidades de agua cubiertas, el nitrógeno es el factor limitante más importante para el desarrollo de las plantas que lo necesitan para formar proteínas, ácidos nucléicos, etc. Dentro de los ciclos biogeoquímicos de los elementos minerales, el del nitrógeno (Fig. 1) es especialmente complicado por encontrarse, en condiciones naturales, en distintos estados de valencia (de +5 a -3) formando compuestos estables.

Uno de estos compuestos, el nitrato, la forma más usual tomada por la planta, es clave en su nutrición y puede hallarse en el suelo derivado del contenido mineral del mismo, de aquel que se pueda incorporar de la atmósfera o de la biotransformación de las moleculas orgánicas que lo contienen formando parte de los restos vegetales y animales que allí llegan o de los propios microorganismos que lo habitan. La desnitrificación, o reducción del nitrato hasta nitrógeno molecular o dinitrógeno, N2, es una actividad microbiana importante, cuantitativamente considerada y por su efecto contaminante del ambiente. Las pérdidas de nitrógeno asimilable que esta actividad conlleva son compensadas por la llamada fijación de nitrógeno, que se entiende como la oxidación o reducción de este elemento para dar óxidos o amonio. Todos los procesos del ciclo actúan de forma que en condiciones normales las diferentes actividades microbianas estan equilibradas y las pérdidas son compensadas por las ganancias. La masiva utilización de fertilizantes nitrogenados está actuando sobre el ciclo con claros resultados negativos, entre ellos contribuyendo al cambio climático (Nitrógeno y cambio climático).

La fijación de nitrógeno puede ser puramente abiótica o biológica. Por la primera se forman óxidos como consecuencia de la combustión de compuestos orgánicos, descargas eléctricas, etc., que son arrastrados al suelo por la lluvia, o amonio por el proceso industrial Haber Bosch. Por la segunda, la fijación biológica de nitrógeno (FBN), proceso llevado a cabo por organismos procarióticos, el N2 es reducido a amonio e incorporado a la biosfera.

A pesar de la abundancia de N2 en la atmósfera (más del 70 por ciento), no es aprovechable por las plantas que se ven obligadas a utilizar las formas combinadas que se encuentran en el suelo en cantidad insuficiente para soportar los cultivos intensivos. Por lo que supone en el aporte de nitrógeno a las plantas, la FBN presenta un gran interés que ha determinado que sea considerada objeto de intensa investigación desde que en 1888 fue descubierta, aunque empíricamente era aprovechada ya por los romanos cuando observaron el efecto beneficioso de la rotación de los cultivos (Bosquejo histórico). No en vano la fijación biológica contribuye globalmente de forma importante al suministro del nitrógeno requerido por las plantas. El resto necesario procede casi en su totalidad del amonio sintertizado vía Haber Bosch con un gasto, para conseguir el H2 y la alta temperatura y presión requeridas, del 1 % de la energía consumida a nivel mundial. Hoy día la FBN cobra más valor, si cabe, dentro del contexto de la agricultura sostenible, ya que puede evitar el uso abusivo de fertilizantes nitrogenados con el consiguiente ahorro en el consumo de energía y la disminución de la degradación del medio. Desde este punto de vista ecológico, también es interesante señalar la importancia de la FBN en el mar por la necesidad de nitrógeno asimilable disponible que requieren los océanos para actuar como sumideros del CO2 de la atmósfera.

Este proceso microbiano es llevado a cabo por organismos procarióticos en vida libre o en simbiosis, esto último si ocurre en asociación mutualista con las plantas. Hay una gran representación de especies microbianas portadoras de esta característica pertenecientes a muy diferentes grupos de bacterias como se puede ver en la Tabla 1.

Se trata de un proceso altamente consumidor de energía. El triple enlace que une los dos átomos de nitrógeno es duro de romper. El trabajo es llevado a cabo por la enzima nitrogenasa con el consumo de 16 moléculas de ATP por N2 reducido, según la ecuación:

N2 + 16ATP + 8e- + 8H+ = 2NH3 + 8H2 + 16ADP + 16Pi

Algunos fijadores libres, como Azotobacter, requieren hasta 100 unidades de equivalentes de glucosa por unidad de nitrógeno fijado. Por ello su significación agrícola es baja, que se incrementa considerablemente en el caso de la fijación simbiótica, como la establecida entre Rhizobium y las leguminosa, donde la relación disminuye de 6 a 12 unidades de glucosa consumidas por unidad de nitrógeno reduido. En este caso, además, la fuente de energía son los compuestos carbonados suministrados directamente por la planta derivados de la fotosíntesis, mientras que los fijadores libres han de tomarlos del suelo donde no existen en la cantidad y forma necesarias. Así de hecho, Azotobacter proporciona al suelo unos cientos de gramos de nitrógeno por hectárea/año y, en cambio, este valor sube en la asociación de Rhizobium con alfalfa, trébol, guisante o soja, a unos cientos de kilos. A pesar de estas diferencias, la fijación libre por sí sola representa a nivel global algo menos de la mitad del total de N2 fijado por año (Fig. 2), ya que la simbiótica, aunque sea más alta, está limitada a unas pocas especies vegetales, entre ellas, las leguminosas de gran importancia económica y social.

Fig.2

Tal limitación es un handicap a la hora del aprovechamiento integral de este proceso biológico, del que quedan fuera cultivos tan importantes como arroz, maíz o trigo. Esta es también la causa de que se busque la forma de que estas especies vegetales, fundamentales en alimentación humana, puedan llegar a utilizar el N2 y hacerse independientes de su aplicación como fertilizante.

Junto al interés que esta posibilidad tiene y que ha determinado la dedicación de numerosos grupos a su estudio, dos hechos han determinado el avance de los conocimientos sobre la FBN desde los años 70. Por un lado, la introducción para su detección y medida de la técnica de la reducción de acetileno a etileno (ARA), basada en la capacidad de la nitrogenasa de reducir compuestos de triple enlace (algo sobre evolución) y, por otro, la aplicación a las investigaciones en curso de las herramientas propias de la biología molecular.

La determinación de ARA permitió hacer medidas de la actividad enzimática fidedignas con un simple cromatógrafo de gases, eliminando la nunca precisa observación del crecimiento bacteriano en medios de cultivo libres de nitrógeno o la poco asequible espectrometría de masas para determinar la incorporación de 15N2. Esta última técnica es muy usada en los experimentos que se realizan para conocer el nitrógeno de la planta que procede de la atmósfera o del suelo y/o fertilizante aplicado, especialmente en ensayos de campo.

Los estudios genéticos, por otra parte, demostraron la implicación directa en la fijación de unos veinte genes, nif, en el caso de los fijadores libres (Figura 3 y regulación) y de bastantes más en los simbióticos, como Rhizobium, ya que el establecimiento de la simbiosis mutualista con la planta conlleva una complicación adicional. En la Fig. 3 se muestran los genes nif de Klebsiella pneumoniae, enterobacteria capaz de fijar N2 en anaerobiosis. Las asequibilidad de esta bacteria y la especial distribución de esos genes en su genoma ha facilitado considerablemente el estudio molecular del proceso y la transferencia de los conocimientos a otros sistemas fijadores.

Fig.3

Aunque todos los organismos y sistemas fijadores son susceptibles de ser aprovechados en agricultura, y de hecho se puede encontrar en la bibliografía referencias al respecto, hay algunos más útiles que otros, no sólo por la eficiencia del proceso y por los niveles de nitrógeno que incorporan, sino también, por el interés de los cultivos susceptibles de ser tratados. Los sistemas potencialmente más útiles, como se ha dicho arriba, implican, de una forma más o menos íntima, un hospedador con el que la bacteria establece la asociación beneficiosa.

Entre ellos, un primer sistema recoge lo que se llaman rizocenosis asociativas, por no formarse en la asociación microbio-planta estructuras especializadas en las raíces. Entre estas asociaciones se encuentra la formada por plantas C4 del tipo maíz o caña de azucar y Gluconacetobacter, Azoarcus, Herbaspirillum o Azospirillum. Aquí la bacteria fija nitrógeno a expensas del exudado radical que aprovecha muy bien al colonizar los espacios intercelulares del cortex de la raíz. Aunque estas asociaciones han dado mucho que hablar, pues se ha asociado siempre la mayor producción vegetal a la fijación de N2, por lo menos, en el caso de Azospirillum, está demostrado que el efecto beneficioso de la asociación es debido mayoritariamente a la capacidad que posee la bacteria de producir fitohormonas que determinan un mayor desarrollo del sistema radical y, por tanto, la posibilidad de explorar un volumen más amplio de suelo. Así como Rhizobium está evolutivamente especializado en proporcionar nitrógeno a la planta cuando se encuentra asociado a ella (las formas bacterianas que fijan nitrógeno en los nódulos, los llamados bacteroides, no se multiplican por lo que todo el nitrógeno fijado es traspasado al hospedador), el N2 que fijan estas otras bacterias no es exportado y solamente puede ser aprovechado después de su muerte y lisis y una vez que haya sido mineralizado. Pero, aunque estas bacterias no se puedan usar en la práctica como fijadoras, hay estudios que demuestran su utilidad en inoculaciones conjuntas, con Rhizobium o solas como PGPRs (rizobacterias que promueven el crecimiento vegetal).

En un segundo sistema intervienen cianobacterias y algunas plantas entre las que ciertos helechos, como Azolla (Figura 4a), pueden jugar un papel importante en la fertilización de los cultivos de arroz. Aunque las cianobacterias estan provistas de fotosíntesis oxigénica han desarrollado estrategias especiales dirigidas a la convivencia de la fijación, proceso anaerobio, con la fotosíntesis. En unos casos, algunas células vegetativas se diferencian en ausencia de nitrógeno combinado en los llamados heteroquistes donde no hay fotosíntesis y sí fijación de nitrógeno (Figura 4b y 4c). Los niveles de nitrógeno aportados a estos cultivos pueden hacer al arroz bastante independiente de la fertilización nitrogenada. La práctica de la utilización de este sistema es frecuente especialmente en el Sudeste asiático. En otros casos, como en Gleothece o Synechococcus, la fijación y la fotosíntesis estan separadas temporalmente, realizandose la fotosíntesis de día y la fijación en la noche.
Fig. 4a


Fig.4b
Fig. 4c


Dentro de un tercer sistema, que encuadra las endorrizobiosis mutualistas, se encuentran la conocida como actinorriza, que se establece entre Frankia, un actinomiceto, y algunas plantas leñosas, como el aliso o la casuarina, y la asociación Rhizobium-leguminosa que, como se ha indicado más arriba, es la que tiene más importancia desde el punto de vista agronómico. Ha sido y es la más estudiada y se toma como modelo para una posible extensión de la capacidad fijadora a otros cultivos. Adicionalmente, el papel del uso de leguminosas arbustivas en la recuperación o regeneración de suelos degradados es de reseñar y donde las micorrizas tienen también una gran importancia.

Si bien estas bacterias, de la subclase a de las proteobacterias, se engloban colectivamente bajo el término genérico de Rhizobium, pertenecen a los géneros Rhizobium, Sinorhizobium, Allorhizobium, Bradyrhizobium, Mesorhizobium y Azorhizobium (Tabla 2).


La mayoría de las especies de la familia Leguminosae forman esta asociación, y es especialmente frecuente en las subfamilias Papilionoideae y Mimosoideae y escasa en Cesalpinoideae. En las raíces de estas plantas aparecen cuando son infectadas por Rhizobium unas tumoraciones de distinta forma y tamaņo, nódulos (Figura 5), donde se lleva a cabo la fijación de N2. Fig.5

En unos pocos ejemplos (en las leguminosas Sesbania y Aechynomene) también se forman nódulos en los tallos. Algunas de las bacterias son bastantes específicas con posibilidad de infectar y nodular un reducido número de especies vegetales. Otras son más promiscuas. En cualquier caso, la capacidad de infectar las células del cortex de la raíz se deriva de un intercambio de señales entre el microsimbionte y el hospedador. Flavonoides exudados por las plantas inducen la expresión en Rhizobium de los genes nod (Figura 6) implicados en la síntesis de los conocidos como factores de nodulación o, simplemente, factores nod.

En lineas generales, cada leguminosa libera al medio unos determinados inductores (p. e. la alfalfa, luteolina y la soja genisteina) que la bacteria reconoce y la lleva a sintetizar el factor nod correspondiente, que está constituido por un esqueleto de 4 a 5 N-acetil glucosaminas con bastantes sustituciones que determinan la especificidad. Estos factores, que se conocen también por su composición como lipoquitooligosacáridos (LCOs), determinan modificaciones en los pelos radicales, la formación del canal de infección y la división de células del cortex, que conducen a la formación del nódulo en cuyo interior, perfectamente estructurado, se va a llevar a cabo la fijación (Fig. 7).






Al nódulo llega el fotosintetizado, en forma de sacarosa, para soportar el proceso. Servirá de fuente de energía, poder reductor y esqueleto carbonado para la incorporación del amonio resultante de la fijación, que será transportado por el xilema al resto de la planta en forma de amidas o ureidos, según el hospedador sea de origen templado o tropical (Fig. 8). Aunque por mucho tiempo se ha creido que el amonio producido era transferido a la célula hospedadora por simple difusión pasiva, y así muestra esta figura, se ha descrito que tan pronto como el amonio aparece se convierte en alanina y de esta forma es transportado fuera de la bacteria. ¿Por qué alanina? Se especula que esto impide la utilización del amonio por la propia bacteria. Una vez fuera este aminoácido es convertido rápidamente en glutamato para su transporte como amidas y/o ureidos al resto de la planta. Sin embargo, la implicación de la alanina, aunque llamativa, es una hipótesis actualmente muy controvertida (metabolismo del carbono y nitrógeno en el nódulo).

Fig. 8. Esquema de funcionamiento de un nódulo

Esta fijación simbótica puede considerarse bastante eficiente, sin embargo, parte de la energía consumida en el proceso se gasta en reducir protones a hidrógeno, (como se puede ver en la ecuación mostrada al comienzo), reducción concomitante con el paso de N2 a amonio, que hace que la fijación sea un teórico 25 por ciento menos eficiente. Hay cepas microbianas provistas de hidrogenasa capaces de reciclar el hidrógeno y recuperar la energía perdida, y a otras se les podría transferir los genes responsables de este caracter.

Entre los numerosos genes de la planta que de una u otra manera están relacionados con la simbiosis, y descritos especialmente en Lotus japonicus y Medicago truncatula, leguminosas que se han tomado como modelo dado su simplicidad genómica, hay algunos de función conocida, como LjSYMRK/MtNORK/DMI2, que codifican una quinasa que inicialmente se pensó podría ser el receptor de la señal bacteriana, o PsSYM8/DMI1 implicados en los pulsos de calcio. Algunos de estos genes tienen que ver en la formación de las micorrizas. También se han descrito otros genes, como HAR1 (en L. japonicus), Sym29 (Pisum sativum) o NARK (soja) que codifican proteínas homólogas a CLAVATA1 de Arabidopsis. Estos genes estan implicados en la regulación de la nodulación, en lo que se conoce como autorregulación, que limita el número de nódulos que se pueden formar en las raíces. Es curioso que mientras la expresión de CLV1 tiene un efecto a corta distancia, sobre el crecimiento apical del tallo, la expresión de los otros, si bien ocurre en tallo y hojas, se manifiesta a larga distancia sobre la formación de primordios de raíces laterales y nódulos. Mutantes en estos genes son hipernodulantes, lo que no es útil para la planta teniendo en cuenta la limitación energética a que está sometida la fijación. Un paso importante supuso la obtención del primer mutante de M. truncatula que no responde al factor nod con la deformación de los pelos radicales ni flujo de calcio. Este mutante (npf) es capaz, sin embargo, de establecer simbiosis con hongos de la micorriza, por lo que el locus NPF (Nod Factor Perception) está implicado de forma específica en la percepción del Factor nod, al contrario que otros descritos previamente comunes a ambas simbiosis (DMI1, DMI2, DMI3) responsables de la transducción de la señal. Estos genes necesarios para la percepción de los factores nod se conocen como NFR1, NFR5, en L. japonicus y LYK3 y LYK4 en M. truncatula, y codifican quinasas transmembranas del tipo LysM serina/treonina cuyos dominios extracelulares podían ligar dichos factores. La Fig. 9 representa esquemáticamente algunos de los genes implicados en el proceso de nodulación descritos hasta ahora. Esta representación (para más detalles ver Fig. 14 de Futuro de la FBN) no es una foto fija pues de vez en cuando se incorporan nuevos genes a la cadena.

La secuenciación a punto de concluir de los genomas de L. japonicus y M. truncatula facilitará considerablemente las cosas, de tal forma que se podrá tener idea de los genes que están ausentes o no se regulan adecuadamente en plantas no leguminosas de interés agronómico, para que sean capaces de establecer una simbiosis efectiva con Rhizobium y así hacerse independientes de la fertilización nitrogenada.
Hay otras luces en el túnel: la observación de que los factores nod pueden activar el gen MtENOD12, que codifica una nodulina temprana de M. truncatula, en plantas transgénicas de arroz (Oryza sativa) sugiere también que al menos parte de los mecanismos de percepción/transducción pueden operar en plantas no leguminosas. De hecho, Rhizobium es capaz de nodular la no leguminosa Parasponia andersonii, perteneciente a las ulmaceas. Hay también muchas similitudes entre el proceso de floración y nodulación, incluso en el desarrollo del canal de infección en su marcha hacia el primordio nodular y el tubo polínico en su avance hacia el óvulo. Se puede afirmar que la nodulación ha utilizado mecanismos preexistentes en las plantas que han derivado a la simbiosis Rhizobium-leguminosa a lo largo de la evolución. Recientemente se ha descrito, incluso, que no todas las bacterias que fijan nitrógeno en simbiosis con las leguminosas requieren la producción de factores nod. La activación de genes de la planta implicados en el reconocimiento de las citoquininas lleva igualmente a la formación de nódulos.

Fig. 9

Esta simbiosis mutualista, que se puede tomar como paradigma de la aplicabilidad de la fijación de nitrógeno, es la que presenta mayor interés a la hora de hablar de biofertilización, t érmino que se define como la utilización de microorganismos vivos para mejorar el crecimiento de las plantas, bien incidiendo sobre su nutrición a través de la puesta a su disposición de los nutrientes requeridos, bien actuando sobre su desarrollo por la producción de fitohormonas. En paralelo se utiliza biocontrol y biorremediación cuando con la inoculación de microorganismos se quiere eliminar los patógenos del medio o incrementar la respuesta defensiva de la planta hacia ellos o eliminar compuestos xenobióticos del ambiente, respectivamente. La utilización de inoculantes para las leguminosas es fundamental si la especie vegetal no ha sido cultivada en ese suelo y, por tanto, no hay presencia de la especie de Rhizobium correspondiente. Este es el caso de la soja en Europa que ha de ser inoculada con B. japonicum o S. fredii. Sin embargo, aún cuando existen en nuestro suelos las bacterias apropiadas para vicias, alfalfa, tréboles, guisante, lenteja, garbanzo, etc., no siempre son lo suficientemente efectivas, esto es fijadoras de nitrógeno, y hay casos en los que se hace necesaria la inoculación si se quieren obtener rendimientos satisfactorios. Lo mismo ocurre cuando las características del suelo, como la acidez, sequía, etc. influyen en la persistencia de Rhizobium. En las Fig. 9 y 10 se exponen ejemplos de inoculación a distintas escalas.

Fig.10

Fig.11

Las leguminosas que nodulan nunca se encuentra en condiciones naturales sin formar la simbiosis con sus bacterias presentes en el medio. En un suelo donde no sea posible la infección de la planta por ser una especie vegetal nueva implantada en el lugar, el rendimiento del cultivo no es superior al 40 por ciento potencial. Con la inoculación se puede llegar hasta el 80 por ciento, el 20 por ciento restante sólo se conseguirá con manipulación genética y el manejo adecuado de la simbiosis. Los intentos de utilizar fertilizante nitrogenado para incrementar el rendimiento, aparte del costo económico que supone, inhibe el establecimiento de una simbiosis efectiva y, por tanto, el aprovechamiento del N2. No hay que desconocer que la FBN está sometida, por diferentes mecanismos, a una estricta regulación por nitrógeno combinado en el medio. La nutrición nitrogenada de las leguminosas es, por otra parte, más complicada que en otras plantas. La aplicación de nitrógeno en forma de nitrato o amonio no mejora el rendimiento frente a la fijación. Determina un alargamiento del ciclo vegetativo que puede redundar en una drástica disminución de la cosecha. Las leguminosas no han sido mejoradas en este sentido, al contrario que los cereales. La capacidad del trigo silvestre para usar nitrógeno es muy reducida, sólo los cultivares modernos dan una respuesta proporcional, entre ciertos límites, al nitrógeno aplicado. El suministro continuado de nitrógeno derivado de la fijación va cubriendo las necesidades del hospedador, por lo menos hasta la fructificación, cuando el fotosintetizado en lugar de ir hacia la raíz deriva al llenado del fruto. Una práctica útil con buenos resultados es aplicar en floración nitrógeno combinado de rápida absorción. En este momento el nitrogeno aplicado no tiene efecto negativo sobre la fijación porque ésta ya se ha detenido por falta de fuente energética y los nódulos han entrado en senescencia.

En el caso concreto de Rhizobium, los inoculantes deben de estar constituidos por cepas seleccionadas por su infectividad, competitividad (posibilidad para nodular en presencia de las cepas nativas normalmente menos funcionales), y capacidad para fijar nitrógeno en simbiosis con la especie vegetal correspondiente. En todos los inóculos, sean del tipo que sean, sería además deseable, que las cepas que los constituyen estuvieran provistas de alguna estrategia por la que desaparecieran del ambiente una vez cumplida su mision o se impidiera la transferencia genética horizontal para salvaguardar la biodiversidad de la microbiota del medio. La eliminación del inóculo o el control de la transferencia genética deben ser tenidas en cuenta fundamentalmente cuando se trate de inoculantes preparados con organismos modificados genéticamente (OMG), obtenidos con vistas a incrementar algunas de sus propiedades. En el caso de Rhizobium, por ejemplo, la capacidad de fijar nitrógeno de una manera más eficiente (por la presencia de hidrogenasa) o la resistencia a condiciones adversas: salinidad, sequía, pH bajo, presencia de pesticidas, etc. (ver Futuro de la FBN)

En esta simbiosis mutualista tampoco hay que olvidar la planta. Aunque más difícil de estudiar que la bacteria, ya se conocen genes del hospedador directamente implicados en el establecimiento de una simbiosis efectiva con Rhizobium, así como algunas de las proteínas, llamadas nodulinas, codificadas por ellos. Mutaciones en muchos de estos genes, conocidos como Sym, bloquean la nodulación en diferentes etapas de su desarrollo, y unos cuantos parecen ser comunes con la micorrización. Todos estos conocimientos se aplican a conseguir la extensión de la capacidad fijadora a otras plantas no leguminosas de interés. Junto a la alternativa de lograr que el maíz, el trigo o el arroz sean infectados de forma eficiente por Rhizobium, se presenta la posibilidad de transferir la capacidad fijadora a estas plantas de tal forma que sean capaces de aprovechar el N2 por sí mismas. Todavía hay que salvar muchos obstáculos, tanto en una como en otra variante, pero no es aventurado afirmar que es cuestión de tiempo. Hay que decir, sin embargo, que no todo es óptimo en la obtención de plantas autosuficientes para el nitrógeno, pues aunque los cultivos no tendrían que ser fertilizados serían menos productivos. El costo energético que supone la fijación llega a ser hasta tres veces más alto que la utilización del nitrato por lo que las plantas crecerían menos, el rendimiento sería más bajo y puede que incluso se redujera el área de cultivo, pero esa independencia de la fertilización nitrogenada haría el cultivo posiblemente más rentable, adecuado para zonas economicamente débiles y ambientalmente más limpio (Perspectivas).

Mientras tanto y como resumen práctico, la selección de cepas y su adecuada manipulación genética para preparar los inoculantes más idoneos y la mejora de la planta para que no sea factor limitante en el establecimiento de la correspondiente simbiosis, son objetivos a corto plazo.

Recientemente se ha descrito que especies de Methylobacterium, Burkholderia y Ralstonia (hoy día Wautersia) entre otras b proteobacterias, pueden nodular leguminosas tropicales y establecer con ellas simbiosis efectivas. Este hallazgo, todavía por explotar, parece interesante por lo que puede suponer para la ampliación natural de las simbiosis fijadoras a otros microorgansmos distintos de Rhizobium, y quién sabe, si con eso facilitar la extensión de esta característica a otras especies vegetales fuera de la leguminosas.


Bibliografía para consultar:

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En Espaņa este proceso biológico es estudiado bajo diferentes puntos de vista por varios grupos: en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Centro de Ciencias Medioambientales, Estación Experimental Aula Dei, Estación Experimental del Zaidín, Instituto de Bioquímica Vegetal y Fotosíntesis, Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Salamanca), en las Universidades: Autónoma de Madrid (Dpto. de Biología), Córdoba (Dpto de Bioquímica y Biología Molecular), Granada (Dptos. de Biología Vegetal y Microbiología), La Laguna (Dpto. Microbiología y Biología Celular), Navarra (Dpto. de Fisiología Vegetal), Politécnica de Madrid (Dpto. de Biotecnología), Pública de Navarra (Dpto. de Ciencias del Medio Natural), Salamanca (Dpto. de Microbiología), San Pablo (CEU), Sevilla (Dptos. de Microbiología y Parasitología y de Microbiología), CIFA (Las Torres y Tomejil).

 

Enlaces de interés:

www.toulouse.inra.fr/6enfc
www.ugr.es/~eianez/

www.chasque.net/microlab/
www.cifn.unam.mx
www.fund-culturadepaz.org
www.ugr.es/local/sefin

Agradecimientos: se agradece la colaboración de los miembros del Grupo de Investigación, de Francisco Gutiérrez, de la asistencia de Francisca González y, especialmente la de Javier de la Fuente, webmaster de esta página.