Aunque la FBN es un proceso anaerobio, se
da en muchas bacterias aerobias que han desarrollado una estrategia particular
y propia para que funcione la nitrogenasa en una atmófera oxigenada
sin inactivación de la enzima. Si la fijación apareció
antes de la fotosíntesis oxigénica, la sensibilidad de la
enzima al oxígeno no debió ser un problema fundamental.
La posibilidad de que la nitrogenasa surjiera con un propósito
detoxificante del ambiente primigenio ha sido ampliamente discutida sin
acuerdo; a pesar de su capacidad para actuar sobre numerosos substratos,
algunos de ellos posiblemente presentes en aquel medio primitivo. Esto
no invalida, sin embargo, los argumentos propuestos sobre la aparición
de los organismos fijadores como consecuencia de una presión selectiva
del ambiente y que se ha datado hacia unos 3.000 millones de años,
esto es, unos 500 a mil millones antes de la fotosíntesis oxigénica.
Teniendo en cuenta que la capacidad de fijar N2 está
reducida a las eubacterias y algunas arqueobacterias, existen buenas razones
para suponer que los genes implicados tienen un origen muy antiguo, probablemente
en el ancestro común de todos los organismos actuales. Aunque la
mayoría de las bacterias aparecen como no fijadoras, este es un
caracter bastante general, que puede pasar desapercibido por no haberse
ensayado en las condiciones adecuadas y, de hecho, el reconocimiento de
esta propiedad no se encuentra entre la ingente cantidad de pruebas rutinarias
aplicadas a la clasificación de nuevas especies. Aún cuando
la fijación sea negativa, se ha descrito en muchos casos hibridación
a sondas de genes nif (los genes implicados en la fijación)
como un relictus de esta característica inicialmente presente y
luego perdida.
En apoyo de la herencia horizontal de este caracter
se puede tener en cuenta la homogeneidad genética y enzimática
que se presenta en todos los organismos fijadores. Los dos componentes
de la nitrogenasa de diferentes orígenes pueden intercambiarse
dando en muchos casos un complejo con actividad in vitro. Los
requerimientos de energía y poder reductor son también
generales. La transferencia de electrones a través de la nitrogenasa
a los diferentes substratos y las propiedades de la enzima son comunes.
En cuanto a la genética, hay gran homología entre los
genes nif de las diferentes bacterias ya sean fijadoras libres
o simbióticas. Hay quien afirma que la fijación ha podido
ser un atributo normal de las bacterias aunque muchas lo hayan perdido
por innecesario ya que en el medio habría suficiente nitrógeno
directamente utilizable sin necesidad de tanto gasto. Tampoco se puede
descartar que la nitrogenasa, como antes se ha mencionado, tuviera una
función detoxificante cuando el nitrogeno reducido no era limitante.
Si hay bacterias y arqueobacterias fijadoras
no tiene mucha explicación que esta actividad metabólica
haya quedado detenida en la diferenciación de las células
eucarióticas. Ni los organismos eucarioticos más sencillos,
con habitats similares a los fijadores, son capaces de reducir el dinitrógeno.
La explicación es que vinieran de un ancestro que ya no era fijador.
Esta concreción de la fijación
a procariotas y el hecho comprobado de la transferencia de información
genética entre bacterias, ha permitido que la herencia horizontal
de los genes implicados en la fijación no puede ser dejada de
lado. No en vano se ha encontrado que una proporción alta de
plásmidos
de bacterias acuáticas, se transfieren fácilmente de unos
a otros jugando un papel importante en la plasticidad de la población
bacteriana de este medio. Hoy dia se conocen numerosos ejemplos de transferencia
genética horizontal a muy alta frecuencia y en todos los habitatsEn
relación con la fijación, en Klebsiella pneumoniae,
el fijador más estudiado, los genes nif se encuentran
agrupados formando lo que parece ser un transposon, por lo que su movilización
conjunta a otros organismos puede ser potencialmente factible. Así
las cosas, la cuestión del origen y evolución de la fijación
está abierta a cualquier opinión razonable.
En relación con la simbiosis mutualista
Rhizobium- leguminosa, la cuestión está todavía
menos clara. Desde la asociación puramente neutra entre estos
dos organismos hasta la asociación mutualista han podido darse
todas las posibilidades. Aunque hay sus detractores, sin mucha base
por cierto, por propios datos nuestros, podemos deducir que la asociación
primitiva entre Rhizobium y su hospedador podría ser patogénica.
No en vano Rhizobium posee características propias de
bacterias patógenas de plantas (producción de enzimas
líticas de la pared de la célula vegetal), aunque controladas
y, además, son capaces de inducir la respuesta defensiva de la
planta que estimamos es neutralizada por los factores nod en los primeros
estadios de la interacción (Martínez-Abarca et al. Mol. Plant-Microbe Interact. 11, 153-155, 1998; Bueno et al. New Phytol. 152, 91-96, 2001), hipótesis corroborada por Shaw and Long. Plant. Physiol. 132, 2196-2204, 2003. Conocer los pasos intermedios es
más difícil. Rhizobium, po r otra parte, presenta
cierta semejanza con patógenos de animales y, así por
ejemplo, con Brucella tienen en común la endocitosis.
También comparten una amplia región de su ADN. (Soto y colaboradores han publicado recientemente una interesante revision sobre el tema titulada "Rhizobia and plant-pathogenic bacteria: common infection weapons" (Soto et al. Microbiology 152, 3167-3174, 2006) . La existencia
en cianobacterias de la capacidad de fijar nitrógeno, y en algunos
casos simultáneamente con la fotosíntesis oxigénica,
puede también aportar luz a las diversas hipótesis evolutivas
en curso, de hecho, se ha sugerido (Berman Frank et al.
Science 294, 5546, 2001) que, en cianobacterias, la nitrogenasa pudo
servir como aceptor de electrones para el metabolismo heterotrófico
anaerobio en las primeras fases evolutivas de la fotosíntesis
oxigénica y que se habría favorecido la evolución
selectiva del Fotosistema I al crear un ambiente anaerobio para la fijación
de nitrógeno.
De la filogenia molecular se puede deducir
que todas las plantas que nodulan pertenecen al mismo clado, que incluye
los órdenes Fabales, Fagales, Cucurbitales y Rosales (FaFaCuRo).
Especies de los tres últimos órdenes pueden ser infectadas
por el actinomiceto Frankia. Basados en esta deducción
se ha postulado que un ancestro común de este clado podría
haber adquirido la predisposición a nodular. Sin embargo, hay
excepciones fuera de FaFaCuRo, Gunnera, por ejemplo, que forman
simbiosis intracelulares, por lo que podría haber un ancestro
anterior con tal predisposición. La utilidad de la fijación
de nitrógeno ha presionado en el mantenimiento de este caracter.
No hay que olvidar, por otra parte, que la capacidad de establecer esta
simbiosis ha aprovechado el camino abierto por las micorrizas (con 400
millones de años de antigüedad frente a 58 de la Rhizobium-leguminosa).
Ambas simbiosis comparten muchos aspectos y hoy dia se conocen bastantes
genes de las plantas que son comunes en el establecimiento de estas
dos asociaciones mutualistas.
Al contrario de lo que ocurre con las células animales, no se
ha descrito ningún patógeno intracelular en vegetales.
¿Puede ser por resistencia de la pared celular? Sin embargo,
si se han encontrado similitudes entre Rhizobium y patógenos
animales intracelulares, como Brucella. Los endosimbiontes si
han desarrollado la forma de entrar en la célula hospedadora.
(Información complementaria en: Sprent, J.I. Evolving ideas of legume evolution and diversity: a taxonomic perspective on the occurrence of nodulation. New Phytol. 174, 11-25, 2007)
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