| La práctica de la inoculación
de leguminosas con Rhizobium es muy frecuente en muchos países
y necesaria cuando se introducen especies vegetales
nuevas y especialmente recomendable si las condiciones del suelo no son aptas para la supervivencia
de las bacterias o el establecimiento de la simbiosis. Es una operación
totalmente compatible con las prácticas agrícolas habituales,
fácil de realizar y de bajo costo. Para preparar los inóculos
se hace crecer en medios adecuados la cepa seleccionada de Rhizobium
hasta conseguir al menos diez mil millones celulas por ml. Aunque este
cultivo microbiano se podría adicionar directamente al suelo, lo más
frecuente es mezclarlo con un portador, generalmente turba, lo que permite
su conservación por bastante tiempo (varios meses en frio) y su
manejabilidad. La inoculación se realiza mezclando las semillas
con el inóculo desleido en agua y en la proporción adecuada
para que haya al final unas cien mil células por semilla. Para
facilitar la adhesión de las bacterias a la superficie de las semillas
se adiciona a la mezcla azúcar o goma arábiga. También,
aunque con menos frecuencia, se prescribe la peletización de las
semillas, por adición a la mezcla de carbonato cálcico o
compuesto similar, así como la utilización de inoculantes
liofilizados. Una vez tratadas las semillas la siembra se realiza en la
forma habitual. (Para más información al respecto consultar: www.biofag.org.ar) |