| Las plantas no crecen solas (Artículo
publicado en el Diario de Sevilla de 19-06-01). A semejanza de los animales
que requieren de bacterias, como las que proporcionan vitaminas en el
intestino o facilitan la asimilación de los alimentos, las plantas
no pueden desarrollarse adecuadamente en un medio estéril. Cuando
crecen en condiciones naturales estan colonizadas por comunidades microbianas
con amplia representación de especies y géneros. Estos microorganismos
establecen relaciones no patogénicas con sus hospedadores que pueden
incrementar su crecimiento y la resistencia a estreses bióticos
o abióticos. Unos microorganismos proporcionan nutrientes directamente,
como nitrógeno o fósforo, otros, los ponen en condiciones
de ser utilizados, también los hay que producen sustancias promotoras
del crecimiento (fitohormonas), etc. En base a estas propiedades, se les
ha atribuido, en su conjunto, el acrónimo PGPR (del inglés,
rizobacterias que promueven el crecimiento vegetal). Aunque la mayoría
de las interacciones positivas más importantes ocurren a nivel
de raíz no hay que olvidar otras partes de la planta, como la filosfera,
donde la abundancia de microorganismos es manifiesta.
La materialización de la idea de agricultura
sostenible conlleva la disminución o eliminación del uso
de productos químicos tanto en la fertilización como en
la lucha contra las enfermedades y plagas de las plantas. Los términos
biofertilización y bioprotección o biocontrol han adquirido
mayor importancia, si cabe, cuando ha sido posible manipular genéticamente
los microorganismos para mejorar sus características beneficiosas,
incrementar su presencia en la rizosfera o, incluso, suministrarles
la capacidad de ser eliminados cuando hayan cumplido su función
para evitar el riesgo ecológico que supone su diseminación
al ambiente.
Se conoce como rizosfera el área de contacto
de la raíz de la planta con el suelo. La actividad microbiana
comienza como respuesta al llamado efecto rizosférico mostrado
por la raíz que, de forma inespecífica la mayoría
de las veces, pero otras a través de un intercambio de señales,
dispara la interacción microbio- planta, con resultados claramente
beneficiosos para el hospedador.
Los microorganismos de la rizosfera se nutren
de los exudados radicales, formados por compuestos de bajo peso molecular,
como azúcares, ácidos orgánicos y amino ácidos,
mucigel y lisados de la raíz liberados en la autolisis de células
radicales. Cerca del 40 por ciento del carbono fijado en la fotosíntesis
puede ser excretado a la rizosfera. Esto afecta positivamente a la mayoría
de los microorganismos de este habitat que son heterotrofos y por eso
requieren compuestos orgánicos para su vida.
Los mecanismos por los que los PGPR manifiestan
su actividad son varios y no del todo completamente conocidos. Ligada
a la promoción del crecimiento aparece la producción de
hormonas: auxinas, giberelinas, citoquininas, etileno, etc. En relación
con la protección frente a patógenos, puede detectarse
antagonismos, producción de antibióticos, liberación
de enzimas como chitinasas y glucanasas, que actúan sobre la
pared de los hongos o cubiertas de los insectos, etc., además
de la inducción de una resistencia sistémica, de toda
la planta, a virus, bacterias y hongos. Y más directamente relacionadas
con la nutrición, la fijación de nitrógeno, la
solubilización de fosfato y otros nutrientes, la movilización
de los mismos, etc. Una cuestión importante a tener en cuenta
en el estudio de esta microbiota, (término que encuadra a los
microorganismos en su conjunto y que ha sustituido al antiguo de microflora),
es que toda ella está en competencia consigo misma y se puede
modificar si cambian las condiciones ambientales, como la simple adición
de fertilizante, que puede ser positiva en una dirección o contraproducente,
en otra. La fijación de nitrógeno no ocurre, por ejemplo,
si el suelo se abona con nitrato, amonio, urea, etc. Pero así
como la presencia de otros organismos puede ser detrimental para el
propio PGPR, otras veces es beneficiosa. La producción o liberación
de vitaminas y otros factores de crecimiento por microorganismos neutros
de la rizosfera favorecen la actuación de PGPR potenciales que
requieren de estos compuestos.
La colonización de la raíz se
considera un requisito importante para que el microorganismo asociado
ejerza su función. La colonización y la supervivencia
dependen de factores físicos, químicos y biológicos
tan importantes como el pH, la textura del suelo, disponibilidad de
nutrientes, humedad, temperatura, presencia de materia orgánica,
competencia con otros microorganismos por la ocupación del mismo
nicho, y el propio "quorum sensing", fenómeno tan de actualidad,
y que se entiende como el control que cada microorganismo tiene sobre
su propia población manteniendola a través de un intercambio
de señales dentro de unos límites determinados.
Prácticamente toda la investigación
realizada sobre la microbiota del suelo se ha llevado a cabo sobre los
microorganismos cultivables. Ahora se conoce la existencia en la rizosfera
de una gran cantidad de organismos viables pero no cultivables (VBNC)
y que representan una alta proporción en el conjunto de la población
del suelo que algunos llevan a más del 90 por ciento. De ellos,
unos pueden estar en estado de dormencia permanente, otros, aun siendo
muy activos, como los hongos formadores de micorrizas, no crecen en
los habituales medios de cultivo. Hay quien dice algunos pueden estar
simplemente muertos, sólo se detectan por métodos indirectos,
de ahí la polémica que existe acerca de estos organismos
VBNC. ¨Qué papel juegan todos en el conjunto de la vida y actividad
microbiana en la rizosfera? Es difícil saberlo, sólo podemos
llegar a conocer su efecto a nivel global.
Las bacterias relacionadas con la liberación
del fósforo se han considerado siempre como paradigma de las
PGPR y han sido conocidas por mucho tiempo como IPSB (del inglés,
bacterias solubilizadoras de fosfato inorgánico). Son muy variadas
y estan ampliamente extendidas por todos los suelos y condiciones ambientales.
Los valores de fósforo asimilable en los suelos son generalmente
bajos para soportar un cultivo intensivo, mientras que la cantidad total
del mismo es más que suficiente. Muchas bacterias y hongos son
capaces de liberar ácidos orgánicos que solubilizan el
llamado fosfato de roca. Y no sólo el fosfato, también
ponen en condiciones de ser utilizado por las plantas micronutrientes
que en determinados suelos estan insolubilizados, como el manganeso.
A los efectos directos e indirectos ya apuntados
debidos a estos organismos, hay que añadir su participación
en los ciclos biogeoquímicos de los elementos que pasan por unas
estapas de libre disposición para las plantas y por otras que
los estabilizan y quedan listos para su utilización posterior.
Como ciclo biogeoquímico se entiende las modificaciones debidas
a la actividad microbiana que sufren los distintos compuestos de naturaleza
mineral u orgánica que se encuentran en el suelo formando parte
natural del mismo o como consecuencia de los residuos vegetales o animales
que allí han ido a parar, así como los fertilizantes aplicados.
Como ejemplo típico se puede mencionar el ciclo del nitrógeno,
nutriente que junto con el agua se considera el factor limitante más
importante para el crecimiento de las plantas. Este elemento se puede
encontrar en el suelo como nitrato, amonio, formando parte de las proteínas,
etc. Los microorganismos se encargan de pasar de una forma a otra, teniendo
la planta siempre un nivel aceptable de elemento disponible. El nitrógeno
que se añade como abono entra dentro de ese ciclo, lo que posibilita
su más rápida adquisición por la planta o una inmovilización
transitoria para el futuro. No conviene olvidar, sin embrago, que algunas
etapas del ciclo también llevan a la pérdida de este nutriente,
bien por su transformación en nitrógeno molecular que
pasa a la atmósfera o simplemente por lavado por el agua de riego
o lluvia. Será necesario actuar en el sentido que conduzca a
minimizar tales pérdidas.
En este conjunto, no hay que olvidar la materia
orgánica que tiene una importancia clave en la nutrición.
Su presencia, además de mejorar las características físicas
del suelo, es imprescindible para la vida microbiana y de su transformación
se van a derivar compuestos directamente asimilables por las plantas
y otros que van a facilitar la solubilización y movilización
de muchos nutrientes.
Siempre se ha dicho que un suelo fértil
es rico en microorganismos y que un suelo rico en microorganismos es
fértil. ¨Qué es primero? La respuesta parece difícil
a primera vista, sin embargo, una cosa es cierta, si no hay colonización
microbiana no hay un desarrollo normal de las plantas en condiciones
naturales. El suelo no es un mero soporte inerte. Se puede considerar
como un ser vivo que como tal, manifiesta algunas de sus propiedades:
nace (se forma), respira y puede, incluso, morir. No lo maltratemos.
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