Rhizobium como no fijador.

José Olivares Pascual (olivares@eez.csic.es)
Estación Experimental del Zaidín, CSIC, Granada

 

Rhizobium, tomado este término en sentido general, ha sido considerado siempre sólo desde el punto de vista de la bacteria fijadora en simbiosis mutualista con su leguminosa correspondiente. Se ha llegado a un conocimiento bastante exhaustivo tanto del microsimbionte en sí como de la interacción con su hospedador específico. Sin embargo, los diferentes estudios realizados a lo largo del tiempo han proporcionado datos sobre aspectos desconocidos, algunos de los cuales con interesantes implicaciones en patología animal y vegetal. Aunque a veces es bastante difícil desentenderse de esa capacidad fijadora en simbiosis, se pueden relacionar algunos aspectos intersantes.

Rhizobium, como se ha visto recientemente, es capaz de deslizarse de una forma organizada por una superficie semisólida como algunos patógenos de animales o plantas, Proteus o Peudomonas, respectivamente. Este caracter se ha asociado en estas últimas bacterias a una mayor capacidad invasora, mejor adhesión o a la facilidad para la formación de biopelículas.

Los estudios de genómica comparada han mostrado una gran homología en ciertas regiones del ADN entre R. meliloti, y posiblemente otras especies afines, y Brucella. Dicha homología concuerda con su propia fisiología pues ambas bacterias son capaces de establecerse endocelularmente de forma semejante con independencia del origen vegetal o animal de la célula hospedadora.

Swarming y endocitosis son dos comportamientos que pueden ser estudiados indistintamente en Rhizobium y otras bacterias y beneficiarse mutuamente de los conocimientos adquiridos en el deseo de conseguir o una simbiosis mejor, en el caso de Rhizobium, o una lucha más eficaz contra ciertas enfermedades de animales y/o plantas.

Un tercer aspecto a considerar es la relación que existe entre simbiosis mutualista, como la establecida entre Rhizobium y su leguminosa, y patogénesis. Toda planta manifiesta una respuesta defensiva, de semejante naturaleza, frente a cualquier estrés biótico o abiótico. Ante la presencia de un agente, como pueda ser Rhizobium, y otro patógeno, la planta inicialmente no distingue, pero no tarda en responder para defenderse de este último o para poner en marcha mecanismos que permitan la infección controlada por el primero.

Relacionado con defensa, pero indirectamente, Rhizobium ha sido reconocido ampliamente como un agente de biocontrol. Las cepas que producen sideroforos, por ejemplo, han mostrado una protección importante de las raíces de las plantas contra diferentes hongos patógenos. Dentro de este comportamiento de Rhizobium como PGPR, la fitoestimulación también aparece como un aspecto a tener en cuenta.

Al margen de estas cuatro facetas propias de Rhizobium y distintas a su capacidad para fijar nitrógeno, se puede señalar una quinta aplicación para estas bacterias en biodegradación y fitorremediación. No debe quedar al margen, tampoco, la utilización de esta asociacion mutualista como marcador del estado de contaminación o recuperación de los suelos.

 

(José Olivares. Resumen de la aportación realizada en la Mesa Redonda sobre Nuevas Fronteras en Rizobiología, celebrada en la IX Reunion Nacional de Fijación de Nitrógeno. Córdoba 2002)