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¿Está en crisis la biotecnología? Marzo 2001 José Olivares Pascual (olivares@eez.csic.es) |
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¿Estamos en presencia de una crisis en la
biotecnología? Hay dos hechos que muestran que las cosas no estan
tan claras ni es tan alegre el ambiente como parecía ser. Por una
parte, el recien comenzado juicio en Sudáfrica por la copia de
patentes de los medicamentos utilizados contra el sida, puede ser un aviso
de que las multinacionales farmaceúticas estan en el punto de mira,
por lo menos de los paises con menos recursos. Por otra, la continua bajada
de su cotización en bolsa, originada, quizá, por la falta
de perspectivas cercanas en el asunto del genoma humano o también,
indirectamente, por una subsconciente contestación social, crea
cierta incertidumbre. La implicación de los gobiernos de algunos
países en esta situación es palpable. Ya el hoy derrotado
Al Gore, siendo vicepresidente, había propuesto, a todas luces
presionado por la industria farmaceútica, retirar la ayuda norteamericana
a Africa del Sur por su comportamiento con las patentes. El caso no es
único. En Brasil se ha logrado reducir el costo del tratamiento
de cada paciente de sida nada menos que de 1,5 millones de pesetas año
a 180 diarias. Podría repetirse un juicio similar. Con el desarrollo del genóma humano puede
pasar igual. La llamada terapia génica o la utilización
de la información obtenida del genoma para la preparación
de medicamentos contra alguna de las múltiples enfermedades genéticas
es muy costosa. Hay que invertir mucho dinero para el aprovechamiento
de los resultados y, por tanto, para que haya rentabilidad los productos
finales serán, por fuerza, caros y poco asequibles para muchos.
Sólo aquellos que tengan la suerte de vivir en países con
la medicina solializada o con capacidad adquisitiva suficiente, podrán
aprovecharse de los medicamentos puestos en el mercado. ¿Cómo
reaccionar ante esto? De la televisión, lavadora, microondas y
muchos productos tecnológicos se puede prescindir. De los derivados
de la aplicación de la biotecnología a la agricultura, como
frutos de mejor sabor, color, lenta maduración, y, aunque no sería
deseable, de plantas resistentes a enfermedades y plagas, también.
Pero en lo relacionado con la salud, la cosa es diferente. No debería
haber una biotecnología para ricos y otra para pobres. Esta situación
injusta sólo puede corregirse con una participación altruista
de los poderes públicos pues pedir a la empresa privada que ceda
derechos no será fácil y, por otra parte, es contra natura.
El caso feliz del arroz dorado es un ejemplo que no parece vaya a repetirse
con frecuencia. La excusa que algunas veces se ha dado de esperar que
pase el periodo de vigencia de la patente para su utilización general
puede ser factible en algunos casos, pero nunca cuando la salud de alguien
está en juego. El reto es grande. Las dificultades para afrontarlo
son muchas. La búsqueda de soluciones, difícil, sin poner
en peligro una industria floreciente y mucha mano de obra en juego, la
mayoría de las veces, cualificada. Es imposible que cada país
pueda solucionar el problema por sí mismo. Se requiere, por lo
menos, que se clarifique y aplique la norma de la Organización
Mundial del Comercio sobre emergencias sanitarias y, por supuesto, un
apoyo más decidido de los gobiernos a la investigación pública.
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