Gulliver. Enero de 2002

José Olivares Pascual (olivares@eez.csic.es)
Estación Experimental del Zaidín, CSIC, Granada

 

Se puede leer en Los Viajes de Gulliver que cualquiera que consiguiera hacer crecer dos mazorcas de maíz o dos briznas de hierba donde antes lo hacían una sola, mereceria ser considerado la persona más importante del mundo. Ya en el siglo XVIII, Jonathan Swift era consciente de la importancia de conseguir más alimentos para una población con pocos recursos y en continuo crecimiento, pero nunca en los términos actuales ¿Qué diría ahora con más de seis mil millones de habitantes y, si las cosas siguen igual, con los diez mil esperados para el 2050? Hasta la Revolución Verde de los 60 la producción vegetal, a pesar de los conocimientos científicos que se tenían, sólo creció prácticamente en proporción a la entrada en cultivo de nueva superficie utilizable. Ahora preocupa que el incremento que supuso el uso racional de fertilizantes y la siembra de variedades seleccionadas para su mejor aprovechamiento, se ha desacelerado y precisamente cuando las posibilidades de utilización de suelo nuevo sin excesivo costo ambiental, estan al límite y la población continúa creciendo de modo imparable. De hecho, hay una progresiva disminución del ritmo de crecimiento de la producción de cereales, ritmo que es inferior al del incremento de la población. ¿Cómo podría salvarse esta situación?

Es evidente que el término globalización ha causado y esta originando tantos quebraderos de cabeza por haber perdido su sentido, pero todo el mundo es consciente de que la globalización, en lo que tiene de reparto de la riqueza y de la producción sería deseable y, al menos hoy por hoy, la alimentación y las necesidades más elementales estarían aseguradas para todos los hombres. Pero, mientras hemos leido este párrafo, unos cientos de bocas más han llegado a la tierra y precisamente en su mayoría donde menos recursos hay. ¿Qué hacer pues? Los que pueden actuar no estan por labor. Sólo acciones puntuales para intentar lavar un poco la cara.

J.M. Siedow (Department of Biology, Durham University) hace un interesante comentario en el último boletín de la IS-MPMI sobre tres libros, que recomienda leer, aparecidos recientemente con una temática común, cómo alimentar a diez mil millones de personas, y vista bajo diferentes aspectos. El primer autor, L.T. Evans (Feeding the ten billion. Plant and population growth, Cambridge University Press, 1998) es fisiólogo de los cultivos, el segundo, V. Smil (Feeding the world: A challenge for the twenty-first Century, MIT Press, 2000), es más bien ecofisiólogo, y el tercero, G. Conway (The double green revolution. Food for all in the 21st Century, Cornell University Press, 1997), también ecofisiólogo con inclinación economicista. Aunque como cabe esperar hay un gran solapamiento entre lo que han escrito los tres, la tendencia de cada uno se puede observar claramente. Como resume Siedow, Evans se fija más en las posibilidades inherentes a la biología de las plantas. Smil hace hincapie en la agricultura sostenible, respetuosa con el medio, y por último, Conway, da más importancia a los aspectos socioeconómicos y culturales (de cultura, no de cultivos) del problema. Por supuesto, la polémica utilización de las plantas transgénicas, aparece frecuentemente. Los tres autores son conscientes de que para dar de comer a tantas bocas es necesario introducir cambios significativos en la agricultura, principalmente en los países en desarrollo. Pero el uso y aprovechamiento de los transgénicos, hoy por hoy, está limitado al mundo desarrollado, donde la demanda es inferior a la oferta y donde la posibilidad de elegir entre alimentos manipulados genéticamente o los que no lo han sido contribuye a la contestación sobre el uso de los OMG, la mayoría de las veces, sin causa justificada. Se ha oido decir, simplificando, que nadie con el estomago vacío se opone al cultivo de transgénicos, como ningún enfermo rehusa o rehusaría la aplicación de un tejido u órgano derivado de las tan traidas y llevadas células madre a pesar de la controversia actual.

Dar recetas es difícil. La concenciación y actuación de los que tienen en sus manos la responsabilidad en cada campo sería bueno para empezar.