Para una investigación más eficiente. Noviembre 2000

José Olivares Pascual (olivares@eez.csic.es)
Estación Experimental del Zaidín, CSIC, Granada

 

Alguien ha dicho que si los investigadores vivieran menos la Ciencia avanzaría más deprisa. Esta es una manera exagerada, y educada, de hablar los que creen que la fuerza creativa en investigación tiene su edad (para los físicos 26 años) y, por tanto, podría ser conveniente prescindir de los mayores. En un tanto, el mensaje puede tener algo de cierto, más creo yo por las circunstancias que a causa del endurecimiento mental. No olvidemos que la investigación es creación, como pueda ser la pintura y la música, y que la imaginación, que juega un papel transcendente, no envejece. Muy buenos cuadros, muy buenas obras de literatura e inmejorables conciertos y sinfonías han tenido autores que peinaban canas hacía muchos años. ¿Por qué, pues, se dice que la investigación tiene su edad? La investigación sobre otras artes presenta la particularidad de que su desarrollo se basa en conocimientos que evolucionan a gran velocidad y que para adquirirlos, asimilarlos y aplicarlos es necesario un reciclado casi continuo, la mayoría de las veces poco asequible, por diversas razones, a los no tan jóvenes. Sin embargo, poseen, entre otras cosas, dones fundamentales, como la experiencia y la capacidad de discernir lo importante de lo superfluo, que no es poco, y que mal se haría si no se aprovecharan.

Pero la situación actual no favorece nada a nadie sea de la edad que sea. La competitividad exagerada y el minifundismo a ultranza, derivados del funcionamiento del sistema, (la valoración positiva que en todas las evaluaciones se da a la dirección de grupo) juegan en contra. La existencia de grupos del tamaño suficiente que permita el aprovechamiento eficiente de los recursos, tanto materiales como humanos, es prácticamente testimonial. Lo opuesto conlleva el despilfarro, por lo menos, de ideas. Y aunque se ha dicho que la humildad, no es buena consejera para la investigación, tampoco lo es la ambición a ultranza. No conduce a nada más que a la desintegración, enfrentamiento y pérdida de la paz y serenidad necesarias para llevar a cabo una labor provechosa.

Es muy difícil dar recetas y sobre todo que puedan ser aplicadas con los mimbres que tenemos a mano. Para aprovechar esa "capacidad creativa" de la juventud habría que darle su ambiente para sacarle el máximo partido. Hay que proporcionarle sobre todo futuro para mantener su ilusión. Y no hablo de estabilidad funcionarial sino de futuro profesional, que no es lo mismo. Hay otras limitaciones, especialmente en la Universidad, donde el agobio de la labor docente quita un tiempo precioso para la tarea investigadora. Es un axioma que enseñanza e investigación deben ir de la mano. La primera tiene que apoyarse en la segunda para dar peso a lo que se difunde. La docencia obliga al investigador a una visión de conjunto que dificilmente consigue aislado en su laboratorio y que corre así el gran peligro de saber todo de casi nada. Sin embargo, simultanear las dos cosas haciendolas bien al cien por ciento y quedar plenamente satisfecho de ello, no es fácil en el contexto actual. Habría que tener la imaginación, primero, y los medios necesarios, después, para sacarle el máximo partido al potencial investigador y docente de los universitarios y de los científicos de las instituciones públicas. ¿Potenciando la creación de Institutos Mixtos de Investigación? ¿Con una mayor permeabilidad y/o integración entre Instituciones, de la que muchas veces se ha hablado y muy poco practicado practicado? En cualquier caso, con el mejor aprovechamiento de las personas capaces en cada momento de su vida de desarrollar una u otra actividad, aquella de la que la sociedad pueda ser mas beneficiada.