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Aunque las plantas estan continuamente expuestas
a un gran número de microorganismos, la manifestación de
enfermedades es más bien rara. Esto puede ser en parte atribuido
a una sólida pared celular pero también a la existencia
de mecanismos de defensa. Sin embargo, cuando la enfermedad aparece es
causa de pérdidas considerables de cosecha principalmente en los
monocultivos intensivos donde la propagación es más fácil.
Hay muchos ejemplos en la historia cercana. En los 70 un hongo desvastó
todo el cultivo de maíz en el medio oeste americano y más
recientemente, otro hongo causó perdidas cercanas al billón
de pesetas en las plantaciones de arroz del sudeste asiático. La
lucha contra las enfermedades de las plantas se estableció con
la obtención por los métodos clásicos, largos y tediosos,
de variedades resistentes que antes de estar disponibles hay mucho tiempo
para que ocurran episodios similares. Sin embargo, una serie de conocimientos
han cambiado el panorama.
Aunque parezca mentira, las plantas, a su modo, tienen un sistema inmunitario
capaz de hacerlas resistentes a hongos, bacterias y virus patógenos.
Los animales responden a los agentes infecciosos produciendo anticuerpos
que los hacen refractarios a una posterior infección. En el caso
de las plantas, por mecanismos completamente distintos, la puesta en contacto
con un patógeno determina una respuesta defensiva frente a ese
patógeno y, al contario que en los animales, la respuesta es inespecífica,
esto es, activa frente a toda clase de organismos infecciosos. Lo mismo
que en ellos, la respuesta es sistémica, esto significa que toda
la planta se hace resistente y el fenómeno en sí se conoce
como resistencia sistémica adquirida. Se puede decir que esto es
en teoría pues en algunos casos la respuesta es tan lenta que la
patogenicidad supera la resistencia. Sin embargo, muchas veces, si no
la mayoría, la respuesta es tan rápida que se da lo que
se conoce como respuesta de hipersensibilidad, (también ocurre
en los animales), que se manifiesta como una necrosis de la zona adyacente
a la entrada del patógeno, que queda aislado y evita su avance
por tejidos sanos de la planta. Consecuente a esa respuesta hipersensible
se producen una serie de señales, entre ellas el ácido salicílico,
constituyente de la aspirina, que determinan la síntesis de las
llamadas proteínas relacionadas con la patogénesis que son
activas contra el organismo desencadenante. También esa reacción
de hipersensibilidad da lugar a la síntesis de radicales libres
de oxígeno, los mismos que llevan al envejecimiento de las celulas
en animales, que provocan la muerte celular y necrosis de los tejidos
vecinos al punto de ataque, así como al endurecimiento de las paredes
de las células limítrofes. Para que ocurra esta respuesta
se requiere que entre el patógeno y el hospedador se establezca
un cruce de señales que se da cuando tanto el patógeno como
la planta llevan los genes necesarios para ello. Genes de avirulencia
en el primero y genes de resistencia en la segunda. Este hecho, conocido
como sistema gen a gen y descubierto hace casi 50 años, va a permitir
la construcción de plantas resistentes a patógenos haciendo
innecesaria la utilización de productos químicos para el
tratamiento de enfermedades tan importantes como el repilo o la verticilosis
del olivo y las podredumbres, royas, mosaicos o abarquillamientos de muchas
plantas. Es como si se vacunaran, aunque esta vacuna sería de amplio
espectro, que crea resistencia frente a todos los patógenos. El
hallazgo de estos genes de resistencia en la planta ha sido considerado
por algunos como el hecho más importante en biología vegetal
desde el descubrimiento de la fotosíntesis. Además de estos
genes de resistencia, se han encontrado otros que determinan la síntesis
de las llamadas defensinas especialmente activas frente a hongos. La manipulación
de las plantas ya no es ciencia ficción. Cuando se conozcan a fondo
los mecanismos implicados en la resistencia, en los que compuestos tan
comunes como el etileno, óxido nítrico, jasmónico,
el citado salicílico, etc., juegan un papel importante, será
cuestión de rutina. Se sabe que la simple aplicación de
ácido salicílico hace a la planta más resistente
a ser infectada. Bastará con obtener una variedad que sintetizara
por sí misma el salicílico al nivel requerido para conseguir
el mismo efecto. Decir esto es fácil, pero en ciencia las cosas
no son tan sencillas y por eso van despacio y casi nunca los resultados
provienen de una única actuación. Hay que conocer todos
los mecanismos que entran en juego para llegar a una solución adecuada
al problema. Un hecho interesante es la implicación de algunas
de las señales que aparecen en la resistencia, como el jasmónico,
en la respuesta de las plantas a heridas y picaduras de insectos. Otro
dato a tener en cuenta también, es la síntesis de péptidos
antimicrobianos del tipo de las mencionadas defensinas, como son las tioninas
y las recientemente caracterizadas snakinas, además de los compuestos
de otra naturaleza, las fitoalexinas, presentes en los exudados radicales.
Pero en este mundo complejo hay otra cuestión
que hace todo más complicado. A semejanza de los animales, que
requieren de bacterias, como las que proporcionan vitaminas en el intestino
o facilitan la asimilación de los alimentos, las plantas no pueden
vivir en un medio estéril. Hay muchas asociaciones planta-microorganismo,
principalmente establecidas en las raíces, de las que se deriva
si no su supervivencia, sí un desarrollo normal. Unos microorganismos
proporcionan nutrientes directamente, como nitrógeno o fósforo,
otros, los ponen en condiciones de ser utilizados, los hay que producen
sustancias promotoras del crecimiento (fitohormonas), etc. y entre todos
crean al ambiente adecuado. La obtención de plantas resistentes
a patógenos podría determinar la incapacidad para establecer
estas asociaciones, por lo que el problema se se hace más difícilsi
se quiere conseguir plantas que de forma selectiva sean sólo resistentes
a los agentes patógenos.
Para los que piensan que la ciencia debería
ir más deprisa este es un ejemplo claro de complejidad que puede
ocasionar desaliento. Sin embargo, poco a poco, el esfuerzo de los numerosos
grupos que estan implicados en estos estudios dará su fruto: plantas
capaces de resistir el ataque de patógenos pero susceptibles a
la infección o asociación con microorganismos beneficiosos.
Con todo, esto no acaba aquí. Aunque se tenga la planta ideal con
la que se evite además de las consecuentes pérdidas en cosecha,
la utilización de productos químicos altamente contaminantes,
es necesario que la variedad transgénica sea aceptada por la sociedad
patológicamente tan sensibilizada frente a este tipo de plantas.
Porque no se debe olvidar que la resistencia a una determinada enfermedad
puede ser conseguida por la tediosa mejora clásica, pero que la
planta sea capaz de manifestar una respuesta defensiva de amplio espectro
sólo es factible mediante ingeniería genética.
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