Fijación biológica de nitrógeno. Diario de Sevilla, 29-7-99.

José Olivares Pascual (olivares@eez.csic.es)
Estación Experimental del Zaidín, CSIC, Granada

 

Aunque estemos rodeados por una atmósfera que contiene casi el 80 por ciento de nitrógeno, nutriente que, junto con el agua, es factor limitante para el crecimiento de las plantas, la mayoría de los seres vivos son incapaces de aprovecharlo en la forma en que se encuentra (N2) y sólo algunos organismos procarióticos pueden reducirlo a amonio, en un proceso conocido como fijación biológica de nitrógeno. Esta incorporación de nitrógeno a la biosfera ocurre gracias a la existencia en las bacterias fijadoras de la enzima nitrogenasa, capaz de realizar en las condiciones ambientales normales, una reacción química que requiere más de 800o de temperatura y bastantes atmósferas de presión en el procedimiento industrial Haber Bosch por el que se producen unos 70 millones de Tn de amonio al año. Este dato es fácil de conocer, mientras que la cantidad global de nitrógeno fijado biológicamente es pura especulación, aunque se estima razonablemente que puede estar alrededor de unos 170 millones de Tn año. La dificultad de una estimación fiel deriva de la gran variedad de microorganismos fijadores y de los diferentes ecosistemas posibles. Una parte importante de esa cifra global corresponde al nitrogeno fijado en el mar por las cianobacterias que allí se desarrollan, y algo más de la mitad se debe a la llamada fijación simbiótica, que en contraposición con la libre, se da en íntima asociación de los organismos fijadores con su correspondiente planta hospedadora.

La importancia de la fijación biológica de nitrógeno no deriva solamente de su contribución a la nutrición de las plantas, con mayor significación agronómica en el caso de la simbiótica, sino también por lo que supone al contrarrestar el nitrógeno combinado que pasa a la atmósfera por desnitrificación, actividad microbiana muy importante en suelos poco aireados.

La fijación de nitrógeno es un proceso altamente consumidor de energía. La reducción y la provisión de los electrones necesarios requiere el consumo de bastante moléculas de ATP, hasta 24 por N2, por lo que la eficiencia del proceso es bastante baja, como se manifiesta en el caso de los fijadores libres, que no aportan al suelo más de unos cientos de gramos de nitrogeno por Ha y año, que si puede ser suficiente en condiciones naturales, está muy lejos de lo necesario para cualquier cultivo. En el caso de la simbiosis Rhizobium-leguminosa las cosas varian. Así, los casi 100 g de glucosa que utiliza Azotobacter, un típico fijador libre aerobio, para reducir 1 g de nitrógeno, se reducen a 12-16 en el caso de la fijación simbiótica. La cantidad de nitrógeno fijado por un campo de alfalfa o trébol, puede llegar a más de 300 Kg por Ha y año. La diferencia es significativa, determina que las leguminosas no requieran fertilización nitrogenada y contribuyan, además, al enriquecimiento del suelo en este nutriente favoreciendo el cultivo siguiente, que se pone en evidencia en la práctica que se conoce como rotación de cutivos, utilizada ya por los romanos, aunque hace sólo poco más de un siglo, en 1888, que se descubriera la fijación de nitrógeno.

La mencionada enzima nitrogenasa además de reducir N2 es capaz de transferir electrones a otros substratos que también presentan un triple enlace. Muchos de estos compuestos, algunos tóxicos, podrian haber constituido parte de la atmósfera primitiva. Se ha teorizado sobre la posible implicación de esta enzima en la detoxificación de aquel ambiente por lo se le ha asignado una antigúedad mayor que la que le correspondería en la reducción del nitrógeno tal como es conocida hoy. Uno de los compuestos con triple enlace sobre los que actúa es el acetileno que es reducido muy eficientemente a etileno. Esta característica, que permite poner en evidencia la fijación por un método rápido y sencillo desarrollado a final de los sesenta, ha determinado el rápido e intenso avance en los conocimientos sobre el proceso de fijación a nivel bioquímico y genético. El crecimiento, la mayoría de las veces problemático, sobre medios de cultivo libres de nitrógeno o la poco asequible técnica que utiliza 15N, fueron sustituidos por una simple medida en cromatógrafo de gases. Así se pudo conocer a mediados de los setenta que unos 20 genes estaban implicados directamente en la reducción del N2. El hecho de que(¿por casualidad?) se encontraban todos agrupados en Klebsiella pneumoniae, una enterobacteria que fija en anaerobiosis, facilitó la tarea y pronto se conocieron los productos de cada gen y la regulación de su expresión, que con pequeños matices se reproduce en todos los organismos fijadores, incluidos los simbióticos que no son capaces de fijar nitrógeno en vida libre.

Dentro de esta fijación simbiótica, la asociación mutualista Rhizobium-leguminosa ha sido, desde siempre, la mejor estudiada por la importancia de las plantas implicadas desde los puntos de vista agronómico, económico y social. La asociación de Frankia, un actinomiceto fijador, con plantas leñosas, como aliso o , pertenecientes a diferentes familias tiene un interés más forestal y ecológico. En otras asociaciones no tan estrictas pueden estar implicadas bacterias como Azospirillum y Acetobacter diazotophicus. En estos casos, la caña de azucar y otras plantas de zonas cálidas son los hospedares mayoritarios pero sin la especificidad característica de las leguminosas. A pesar de que estos microorganismos son fijadores claros en microaerobiosis, todavía no hay una evidencia muy fuerte de que esa característica sea la determinante del mayor desarrollo de las plantas infectadas. La producción de sustancias promotoras del crecimiento vegetal (fitohormonas) parece ser, por lo menos en el caso de Azospirillum, la causa del efecto beneficioso encontrado cuando se usa como inóculo de la caña de azucar o maíz. Puede considerarse más que fijador un PGPR (Plant Growth Promoting Rhizobacteria), grupo, hoy dia objeto de estudio intenso, que engloba microorganismos que manifiestan la capacidad de producir fitohormonas, sidreophoros, compuestos que como el ácido salicílico parecen inducir una resitencia sistemica en la planta contra patógenos, etc. y que complementan a los estrictamente fijadores, como Rhizobium. Las cianobacterias, algas fijadoras que pueden formar asociaciones muy interesantes con helechos, contribuyen también de forma substancial al conjunto total del nitrógeno fijado, siendo esta contribución especialmente relevante en ciertos habitats.

Cuando se tiende, por necesidad ineludible, a un desarrollo sostenible y, por tanto, a una agricultura sostenible, cualquier alternativa al uso masivo de fertilizantes y herbicidas, plaguicidas, etc., tiene que ser tenida en consideración. Por ello la biofertilización o la utilización de microorganismos para el control de enfermedades producidas por bacterias, hongos o virus, es fundamental. En la práctica, hasta el momento, sólo la inoculación de las leguminosas con Rhizobium es efectiva al cien por ciento. La inoculación con estas bacterias elimina la necesidad de utilizar fertilizantes nitrogenados. Esta práctica, utilizada en Europa sólo cuando se introduce un cultivo no autóctono, como soja, es de amplio uso en otros lugares como Estados Unidos, Argentina, Uruguay, Brasil, etc., La razón de que no se utilice en este continente cuando se cultiva alfalfa, vicias, guisante, garbanzo, judía, etc. se debe a que en nuestros suelos existe naturalmente la bacteria que corresponde a cada uno de estos cultivos por lo que expresan su efecto beneficioso. Sin embargo, en muchos casos, la aplicación de una cepa de mejores características, que pueden ser conseguidas por manipulación genética, entre ellas su adaptación a determinadas condiciones ambientales, puede suponer un incremento considerable de los rendimientos.

Desgraciadamente, la eficiente capacidad fijadora de la simbiosis Rhizobium-leguminosa, queda circunscrita a esta familia de plantas. Los cultivos mayoritarios propios de las tres grandes civilizaciones, trigo, arroz y maíz siguen requiriendo para conseguir niveles aceptables de cosecha la aplicación de ingentes cantidades de nitrógeno combinado, del que más del 50 por ciento puede ir a contaminar rios, lagos, etc.
Si como se decía arriba, Klebsiella requiere de unos 20 genes para llevar a cabo la fijación de nitrógeno, el establecimiento de la simbiosis Rhizobium-leguminosa necesita de la expresión de bastantes decenas más. El reconocimiento mutuo microbio-planta, la formación de un órgano adecuado, el nódulo (ver foto), la mayoría de las veces en el sistema radical y perfectamente estructurado, la asimilación y transporte del amonio reducido, requiere, además, el concurso de los productos de muchos genes de la planta, que al ser un organismo más complicado, dificulta considerablemente su estudio.
Todo esto hace que, entrando en lo que se podría considerar ciencia ficción, la meta de muchos investigadores, el conseguir que el trigo o el maíz no sean fertilización nitrogenada-dependientes por establecerse simbiosis con Rhizobium o por haber recibido la dotación genética necesaria para llevar a cabo la fijación, esté bastante lejos. La suerte de que en Klebsiella todos los genes necesarios esten agrupados podría aprovecharse para conseguir este segundo objetivo y, de hecho, con bacterias no ha habido problema. Sin embargo, las especiales características de la enzima nitrogenasa (se inactiva por oxígeno) y del proceso en sí, convierten en difícil, (en ciencia no podemos decir imposible hasta que no se demuestre), la facilidad que hay hoy para la obtención de un potencial transgénico fijador.

Así las cosas, sólo queda por ahora aprovechar al máximo de sus posibilidades los sistemas fijadores actuales y, de ellos, las cianobacterias para el cultivo del arroz y Rhizobium para las leguminosas.