Ciencia y Ética: Decálogo del Investigador.
Ignacio Nuñez de Castro. Universidad de Malaga

José Olivares Pascual (olivares@eez.csic.es)
Estación Experimental del Zaidín, CSIC, Granada

 

En nuestro tiempo se ha perdido la conciencia del saber en contraste con el utilitarismo que se va imponiendo gradualmente en la ciencia. Sabiduría viene de sapere, gustar. La verdadera sabiduría es la que es capaz de gustar y sentir interiormente. Sin embargo, los científicos son hoy día profesionales de la investigación, y profesional es todo aquel que practica una actividad que le legitima como miembro de la comunidad humana y que constituye su realización personal y su medio de vida.
Hoy no es posible la realización de una ciencia pura, sino que el investigador, el hombre de ciencia, se ve inmerso en el circuito ciencia-técnica-sociedad. Así como el estudio del subconsciente ha sacado a luz las motivaciones profundas que creíamos fruto de nuestra libertad, las teorías científicas tienen, como los icebergs una enorme parte sumergida, lo que Edgar Morin ha llamado la zona ciega de la ciencia. Quizá haya sido el filósofo Hans Jonas quien más profundamente ha reflexionado sobre ese automatismo que se impone al hombre de ciencia en las modas en los temas y en la metodología de investigación, además de su dependencia concreta de los poderes fácticos (Estado, economía, Ejercito, Banca, etc). Hans Jonas nos dice: "el asunto recuerda más bien a la relación entre poder respirar y el tener que respirar, que entre el poder hablar y hablar". Esto quiere decir que hay una fuerza autónoma e incontenible como la respiración, una pulsión colectiva que lleva a la justificación y legitimación de todo lo que es técnicamente posible. ¿Habrá hipotecado el hombre de ciencia sin ser consciente de ello su libertad? La película Calabuch, la deliciosa y tierna obra de Luis García de Berlanga en la que describe las peripecias de un científico nuclear que quiso recobrar su libertad en un sencillo pueblo a orillas del Mediterráneo, es como una parábola de la pérdida de libertad del científico en nuestros días.
La cosa viene de antiguo. Ya en el Libellus de Alchimia, atribuido a san Alberto Magno se le dice al que quiere introducirse en el arte de la alquimia que no dependa de los príncipes, ni de los poderosos. Francis Bacon dijo: "saber es poder" y hoy podríamos decir: "poder es saber". El desarrollo del conocimiento va paralelo a la hegemonía política, económica y militar.
La tarea, pues, fundamental del investigador es humanizar la ciencia. La construcción de la ciencia no puede ser ajena al mundo de los valores humanos. La tecno-ciencia y la Ética deben de encontrarse a manera de dos razones complementarias. Hoy día estamos asistiendo al debate público en los medios de comunicación social sobre el uso de embriones humanos para la experimentación y obtención de células madre pluripotentes. Es en el terreno humano donde debe plantearse el debate. ¿Es lícito utilizar un ser humano, aunque sea en estado embrionario, como medio y no reconocerlo como un fin en sí mismo?
Me he permitido transcribir el decálogo que escribí en el Capítulo sobre la Investigación en el libro 10 palabras claves sobre Ética de las Profesiones ( A. Cortina, y J. Conill Directores, Editorial Verbo Divino, Estella, 2000, pp. 153-173)


1. Procura ante todo mantener la libertad y la independencia de los poderes fácticos en la elección del tema de investigación y en la metodología a desarrollar.
2. No utilices los descubrimientos científicos sino en beneficio de la humanidad y niega tu cooperación a la investigación en lo que pueda dañar directamente a los seres humanos y al medio ambiente.
3. Debes ser consciente en todo momento de los fines que guían tu investigación y debes ser capaz de poner límite a la desmesura porque la tecnociencia no conoce límites.
4. Piensa que la verdad es patrimonio de todos los humanos y comunica con honestidad, generosidad y alegría tu propio saber.
5. No pierdas nunca la actitud de búsqueda. La verdad es asintótica y nunca llegarás a conseguirla plenamente.
6. Debes ser constante en el trabajo emprendido, si creíste en conciencia que merecía la pena comenzar. Debes estar dispuesto a reformular tus propias hipótesis, si la experimentación te demuestra que son falsas.
7. No tengas nunca prisa en ser el primero, la prisa te llevará a proponer hipótesis no bien establecidas
8. No extrapoles más allá de los límites de tu propia ciencia tus afirmaciones, evitando todo tipo de reduccionismo en las concepciones del hombre y del mundo.
9. Debes ser competente en tu saber, pero huye de la competitividad y de cualquier tipo de lucha en la investigación y presentación de los resultados
10. Goza siempre con tu quehacer, de manera que la investigación en libertad sea la fuente de tu felicidad y realización personal.

La humanización de la ciencia y de la tarea investigadora ayudará a la liberación de la humanidad y a la convivencia en un mundo más justo y más humano.