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PORTO
ALEGRE, NUEVA YORK: LAS DOS AGENDAS DE LA GLOBALIZACIÓN. |
| Temas para el Debate.
Coincidiendo en el tiempo, se han reunido en Porto
Alegre el Foro Social Mundial y en Nueva York el Foro Económico
Mundial. Miles de personas han llenado las aulas de la ciudad brasileña
y unos cientos han ocupado los salones elegantes de uno de los mejores
hoteles neoyorkinos. Cualquiera de los empresarios que han sufragado éste
segundo evento, que antes se reunía en la localidad suiza de Davos,
quizá gana en unas pocas semanas lo que pueden ganar en toda su
vida todos los asistentes a la cumbre social de Porto Alegre. Los que
se reunían en Brasil han ocupado las avenidas para llenarlas de
cánticos y colores. Los que se encerraban en el hotel, llegaban
en grandes limusinas y habrían de mirar con recelo las protestas
que pudieran fraguarse a su alrededor. En Porto Alegra apenas si se veían
policías entre los miles de delegados de todo el mundo que campaban
a sus anchas, mientras que en Nueva York se desplegaba un fornido aparato
de seguridad para proteger a los dueños del mundo. Las cadenas de información y los medios
más influyentes mencionaban con detalle las discusiones del grupo
neoyorkino, pues no en vano allí estaban sus propietarios. Los
que se reunían en Porto Alegre, apenas si merecían algunos
comentarios marginales, a veces, camuflando la información para
que pueda entenderse que se trata de los radicales del mundo reunidos
en desorganizada asamblea, frente a la seriedad y rigor con que se presenta
la discusión bañada en whisky de los ricos. A pesar del enorme poder que concentran los que
se reunen en Nueva York, a pesar de su ingente influencia, a pesar de
que dominan y escriben las noticias de los medios de comunicación
más poderosos, no logran evitar que cada vez sea más evidente
la dimensión injusta e indeseable del modelo de globalización
que impulsan, que la gente reconozca en sus estrategias globalizadoras
las consecuencias nefastas del egoismo que las domina. Hasta las encuestas
que ellos mismos encargan muestran que la imagen que empieza a tenerse
de la globalización neoliberal es la de un remedo del capitalismo
más vulgar, autoritario e injusto. Sorprendentemente, los reunidos en Porto Alegre
son cada vez más respetados, a pesar de que las policías
de medio mundo los vigilan con antidemocrático tesón y se
afanan en vincularlos con movimientos violentos que en realidad nada tienen
que ver con la reflexión sobre un nuevo mundo más justo
y pacífico que allí se lleva a cabo. Y cada vez son más
las personas, los movimientos sociales, las organizaciones y las instituciones
de todo tipo que se comprometen de mil formas con la responsabilidad de
pensar y preconstruir un nuevo tipo de relaciones humanas y sociales. En ambos lugares se plantean asuntos y se completan
agendas. Pero en el lado de la opulencia de los más poderosos del
mundo se sigue escribiendo con la letra gastada y monocromática
del liberalismo decimonónico, a pesar de que se autoproclaman la
vanguardia de la modernidad. Por muchas que sean sus reuniones es difícil
encontrar aspiraciones que no sean las de la competitividad, el desarrollo
comercial y el impulso de la ganancia sobre las cuales no puede haber
una arquitectura social distinta a la que conocemos y que causa la pobreza
que ahora dicen que les preocupa. En el otro lado, se piensa en un mundo
multicolor y transparente, que debe ser plural y capaz de admitir como
propia la diversidad y la multiculturalidad, la variedad de pensamiento
y la democracia. En un sitio, se trata de defender por cualquier medio
un mundo injusto, generador de desigualdades crecientes y que ni siquiera
es capaz de procurar la mínima estabilidad y crecimiento que demandan
para sí mismos quienes todo lo controlan. En el otro, se quiere
poner patas arriba un planeta que ya soporta a duras penas el peso de
tanta hipocresía, de tanta irresponsabilidad y de tanta injusticia. En contra de lo que se nos quiere hacer creer,
no se trata de que unos y otros estén a favor o en contra de la
globalización. La diferencia estriba en lo que se quiere de verdad
que la globalización venga a resolver: si le damos preferencia
en nuestra agenda al apuntalamiento del mundo viejo o a la opción
por otro diferente. No es fácil, por lo tanto, que los discursos
de los dos Foros que acaban de celebrarse puedan combinarse, o incluso
llegar a entenderse, porque el Foro de Porto Alegre implica optar por
medidas políticas muy claras como la condonación de la deuda
externa, la democratización efectiva de las instituciones internacionales,
la aplicación de tasas sobre los movimientos especulativos internacionales,
una nueva regulación más justa del comercio internacional,
o la creación de fondos financieros internacionales para el desarrollo
sostenible y la igualdad... No es probable que todos estos asuntos pasen
a formar parte de las pretensiones de los más ricos que acaban
de reunirse en Nueva York, ni que admitan que se discuta mucho sobre ello
en sus medios de comunicación. Pero nada podrá evitar que
cada vez más gente se haga la pregunta que resume el espíritu
del Foro de Porto Alegre: si es que acaso hay otro camino que no sea el
de distribuir mejor y ampliar la participación en la toma de las
decisiones. |